Sentí su barba de apenas unos días rozar mi piel como si fuera apenas un abismo deliciosamente prohibido.
Sentí erizarse mi cuerpo entero anhelando cruzar el límite.
Hacía tiempo no nos veíamos, algunos inviernos desde el último encuentro a medianoche.
Recuerdo aún la culpa y el temor de ser descubierta en aquel taxi, los nervios y la excitación. Al llegar su tranquilidad y su mirada transparente sin recelar el engaño. Bastó cerrar la puerta para fundirnos en el deseo y en pocos segundos había olvidado que allá afuera seguíamos siendo extraños.
Y entonces tanto tiempo después nos encontramos en la misma esquina, debajo de una escalera volvimos a quebrar toda conciencia y entre besos fuimos confesando mentiras.
Causalidad, dijo él. Yo solo pude sonreír.
Hacía algunos días había argumentado decidida la misma explicación en otros brazos, a otros labios.
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